Zona de libros y autores.-
Garabombo, el Invisible, del autor peruano Manuel Scorza.-
Este libro se encuentra disponible en la Biblioteca de Caleu.
Texto incompleto de la autógrafa que Remigio dirige a un sargento cuyo nombre por educación no quiere pronunciar.
Queridísimo sargento:
Estando preso creo que es inútil que oculte mi identidad: soy yo.
Admirado sargento, ya lo vi con su uniforme nuevo.
¡ Qué tal pinta ¡ Parece que fuera mi gemelo.
Marcial sargento: hace días la señora de los bizcochos presentó una denuncia completamente falsa. Se trata de unos bizcochos que me comí. Esta vieja maldita dice que tenía treinta bizcochos y que yo me comí diez. Como si yo fuera un muerto de hambre. Yo sólo me comí diez.
Por culpa de esta calumniadora fui citado a concurrir al Puesto de su simpática presidencia, y como de tonto no tengo un pelo, me robé u n pavo. No es que yo piense que la policía acepte sobornos, pero sí caballos, putas, terrenitos y regalos. Y ¿qué mejor regalo que un pavito?
No bien recibí su gentil invitación y considerando que estaba peor que palo de gallinero (el de abajo), apersoné al pavo hasta su digna dependencia con dicho objeto de soborno.
Simpático sargento: el pavo fue recibido con aplausos.
El suscrito también, pero en el culo. En síntesis: el cabo Minches se apoderó del pavo que yo destinaba para sobornar al sargento Cabrera, ese pingamuerta moco-de-pavo, a quien usted quizás conozca pues pertenece a la guardia civil.
A mi me metieron al calabozo y al pavo al horno.
Me lo merezco por bestia. Debí llevar dos. Y lo peor de todo es que ni los pavos ni los bizcochos me costaban nada. Pero ¿para qué digo cosas que usted. no entenderá? A mí me importa un carajo que el sargento Minches se apoderara del pavo Cabrera. Total, no era mío. Pero por lo menos, mi cabo, mándeme una presita. Yo soy inocente. Yo no me comí los bizcochos ni el pavo. Y para que vean, vomito. ¿Ya ve? ¿Qué le dije? He vomitado. ¿Qué he comido? De chico casi nada; de grande, nada. Y ahora, en vísperas de mi resplandeciente madurez, cerca de mi edad de oro, de vez en cuando como galletas rotas y bizcochos robados. Soy, pues, inocente.
Si el señor Presidente de la República está libre, ¿por qué estoy yo preso?
Distinguidísimo capitán:
Mi Capi: usted se merecía este ascenso.
Usted es justo, honrado y nunca acepta regalos. El pavo no lo aceptó porque me lo quitó el cabo Minches. (Entre paréntesis , ¿cómo estaba la pechuga? Porque hasta aquí llegó un olorcito de chuparse los pies)
Mi Mayor, qué bien le queda el uniforme nuevo. Ya lo vi con sus cuatro pitas. Se merecía el nuevo galón. Yo siempre lo he dicho: Cabrera, usted es un tipo cojonudo y estoy seguro que con su nuevo uniforme tendrá con las mujeres casi tanto éxito como yo. (Atención: eliminar este párrafo porque ni Cabrera se lo creerá).
¿Por qué no está preso el Presidente de la Corte
Suprema? Hay juicios en Perú que duran cuatrocientos años. Hay comunidades que reclaman sus tierras hace un siglo. ¿Quién les hace caso?
¿Por qué no está preso el juez Montenegro?
¿Por qué no está detenida la justicia?
Y sobre todo, ¿por qué no está preso usted? Si se la da de macho, métase preso. Usted sabe que es culpable. Y en cambio, yo sé que soy culpable.
Teniente: si usted sigue paseándose por el Puesto mordiendo una pata de pavo y sin contestarme, lo vuelvo a degradar.
Alférez: le doy treinta segundos. O me da la pata de pavo o lo reduzco a su verdadera condición.
Guardia Cabrera: usted no es ni siquiera un hombre inferior, es un vegetal superior.
Observaciones:
1) Escribir un anónimo al sargento Cabrera diciéndole que se mire al espejo:
2) Escribirme un anónimo a mí mismo para que nadie sospeche. No poner muchos elogios y tratar de escribir mal;
3) Me he olvidado;
4) Tratar de recordar lo que me he olvidado;
5) En su defecto, olvidarlo
Consuelito, Conchito, no llores. No te tires a la pena. Este es el precio que una mujer anónima paga por el amor de un hombre célebre. No fui a la cita porque estoy preso. Además porque no tengo el gusto. Joven masturbador busca cambiar costumbres y desea establecer relación con solterita estable pero con ahorros. Si tiene más de cinco mil, mejor. Escribir a “Joven moreno y honrado”, Cárcel de Yanahuanca, Remigio C/O Cabrera, Minches. ¡No, mejor no! Son capaces de tirarse las cartas y a mi novia, y eso yo como hombre no lo puedo permitir.
Sí, ya me dieron la escoba, mi cabo. Ya limpié el baño. Y ahorita me voy a darles agua a los caballos. ¿Qué hubo de la presita? No, es una broma, mi cabo. ¡Ay mi cabo! Pégueme donde quiera, pero no me malogre la pinta, ni me pegue en la ingle porque me puede privar de mi instrumento de trabajo. Atención: interrumpo la carta por razones de fuerza mayor.
Con mi amor eterno, Remigio.
Extracto del libro Garabombo, El Invisible del autor peruano Manuel Scorza disponible para su lectura completa en la Biblioteca de Caleu.
lunes, 6 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario